• Lisa Vincent Psicologia

Convierte el perdón en aprendizaje


Perdonar es un proceso que no siempre es fácil. Cuando nos han herido o nos han traicionado, puede que en un primer momento queramos defendernos y tomarnos la justicia por la mano.

Perdonar significa “no tener en cuenta la ofensa o la falta que otro ha cometido, librar a alguien de una obligación o castigo o renunciar a un derecho, goce o disfrute”.

Perdonar no es un sentimiento, es una decisión y cuando decides perdonar debes tener en cuenta que es posible que esa persona (o personas) jamás cambie su forma de ser ni sus actitudes. También es posible que ni si quiera reconozca el daño que te ha hecho. Pero eso no debe frenarte a la hora de perdonar, pues si no perdonas el problema se convierte en tu problema, en cambio si perdonas, el problema será en todo caso de la otra persona. Además, no debes tomarte la ofensa o el mal que te hayan hecho como algo personal. La ofensa dice más sobre la otra persona que sobre ti mismo.

Perdonar no significa que sigas siendo el mismo con esa persona que te ha causado un daño o que sigas confiando en ella de la misma manera. Tampoco significa que toleres malos tratos o abusos o que te falten el respeto. Perdonar no es olvidarlo todo o justificar lo que que te hayan hecho. Perdonar significa que vas a dejar de estar resentido y que vas a dejar de llevar esa carga tan pesada que no es tuya para sanar el dolor y poder darle un cierre al acontecimiento que nos ha causado el daño. Perdonar es superar, dejando atrás el dolor y quedando sólo el aprendizaje.

Puede que te haya criticado alguien que no esperabas que lo hiciera, que hayas confiado algo a alguien y te haya traicionado contándolo, es posible que alguien haya hecho algo para dañarte... Ante estas situaciones, es posible que pienses que no le puedes perdonar, que lo que te ha hecho es demasiado como para olvidarlo. Si te ocurre esto, piensa que el resentimiento y el rencor sólo te hacen daño a ti mismo y que la rabia que sientes sólo te perjudica a ti.

Intenta comprender la situación. Los actos de la otra persona dicen más sobre ella misma que sobre ti. Es posible que quien te ha hecho daño tenga, por ejemplo, una baja autoestima y que lo que haya hecho sea una forma de conseguir cosas como atención o reconocimiento; puede que la persona que te ha lastimado no se haya dado cuenta de que te estaba haciendo un mal; puede que le hayas hecho tu daño en un pasado y que sea una forma de venganza. Sea lo que sea, intenta comprender la situación, no para justificar al otro, sino para comprender lo que ha podido motivar a la otra persona a hacer lo que ha hecho. Intenta ver las cosas desde otra perspectiva. Trata de comprender porque cuando comprendemos, perdonamos.

A medida que aumenta nuestra ofensa, disminuye nuestro razonamiento.

Como decía antes, perdonar no significa que debas seguir igual que antes con esa persona. Tú eres quién debes decidir qué hacer después de perdonar. Según las consecuencias o repercusiones que haya tenido lo que te hayan hecho, puedes decidir si seguir a su lado, alejarte o apartarte para siempre. Pero decidas lo que decidas, hazlo sin rencor, sin resentimiento o cualquier emoción que te genere un daño, pues ese daño no te lo estará haciendo esa otra persona, te lo estarás haciendo a ti mismo.

¿Por qué es conveniente perdonar?:

Perdonar tiene varias ventajas, entre ellas:

  • Nos libera de emociones negativas.

  • Nos permite alcanzar una mayor paz mental.

  • Mejora nuestra salud física y mental.

  • Nos ayuda a relacionarnos mejor con los demás.

Pero, ¿qué inconvenientes tiene?

Esta pregunta la dejo a tu reflexión.

¿Qué pasa si decidimos no perdonar?

No perdonar tiene también sus consecuencias y no son precisamente beneficiosas.

Cuando no perdonamos, cargamos con el dolor, el resentimiento o aquellas emociones negativas que nos haya provocado el daño que nos han hecho. Al mismo tiempo, manteniendo esas emociones negativas dentro de nosotros, alimentamos nuestros pensamientos con ellas. Las emociones negativas que albergamos y no soltamos, se acaban pudriendo en nuestro interior, afectando a nuestra vida y a nuestra forma de enfrentarnos a las situaciones. No perdonar favorece que nos estanquemos en el pasado, dificultándonos avanzar en ciertas áreas de nuestra vida.

Es importante, además, que tengas en cuenta lo siguiente:

  • Permite que el tiempo haga su trabajo. Lo que hoy ves negro, mañana puede ser gris. Date un tiempo para asimilar lo ocurrido y reflexionar.

  • Intenta no aferrarte a los sentimientos negativos que te produce la situación porque te impedirán verla desde otra perspectiva.

  • Intenta comprender la situación. Si lo necesitas, habla con esa persona que te ha hecho daño y aclara las cosas para comprender lo que ha ocurrido. Recuerda que cuando comprendemos, perdonamos. Luego ya decidirás que actitud tomar con respecto a ella.

  • Es importante darle un cierre a la situación y a los sentimientos y emociones negativas que ésta nos genere. Libérate de la carga.

  • Perdonar nos libera y cuando perdonamos aprendemos la lección.

La capacidad de perdonar no funciona igual en todas las personas, unas tardan más que otras, pero es una meta que se puede conseguir.

Si te ves incapaz de perdonar, pregúntate: ¿para qué me sirve mantener el rencor o el resentimiento? ¿Qué estoy consiguiendo con ello?

Lejos de castigar a esa persona, te castigas a ti mismo manteniendo esas emociones negativas que te dañan a ti más que a la otra persona.

Comprende, perdona y aprende la lección.

Referencias:

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Lisa Vincent Psicologia

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