• Lisa Vincent Psicologia

¿Qué me ocurre? ¿Por qué tengo ansiedad?

Muchas son las preguntas que nos podemos realizar cuando experimentamos los síntomas propios de una crisis de ansiedad.

¿Por qué de repente el corazón me va a mil? ¿Por qué siento hormigueo en las manos o en los pies? ¿Por qué tengo esta sensación de ahogo que parece que no se me va a ir nunca? ¿Será que me va a dar un ataque?

Entender el por qué se dan todas estas sensaciones en nuestro cuerpo es el primer paso para dejar de temer a la ansiedad.

¿Qué es la ansiedad?


La ansiedad es una respuesta de nuestro propio cuerpo, es una respuesta de lucha-huida puesta en marcha par combatir el peligro o escapar del mismo. La ansiedad tiene un propósito y es el proteger a nuestro organismo ante un peligro inminente. El propósito de la ansiedad no es ocasionarnos un daño permanente o poner en riesgo nuestra integridad física o nuestra salud. Esto es algo que tiene que quedar muy claro, la evolución nos ha dotado de este sistema que nos ayuda a adaptarnos mejor al entorno. Quiero que sepas en qué momento se pone en marcha esta maquinaria y por qué lo hace. Empecemos:


¿Cuando sufrimos ansiedad?


La respuesta es sencilla. Sufrimos ansiedad cuando percibimos o anticipamos algún tipo de peligro. Cuando esto ocurre nuestro cerebro envía un mensaje a una sección de tus nervios llamada sistema nervioso autónomo o SNA. El SNA tiene dos subsecciones o ramas: el sistema nervioso simpático o SNS y sistema nervioso parasimpático o SNP que están directamente implicadas en el control de los niveles de energía corporal y de preparación para la acción.

Simplificándolo un poco podemos decir que:

  • El SN Simpático es el sistema responsable de la respuesta de lucha y/o huida, el encargado de liberar nuestra energía preparando nuestro cuerpo para la acción.

  • El SN Parasimpático es el sistema responsable de la restauración, el que devuelve a nuestro cuerpo al estado de normalidad previo a la activación, nos relaja.

Existe una característica a destacar del SN. Simpático y es que tiende a ser en gran medida un sistema de todo o nada. Esto significa que, cuando se activa, todas sus partes tienden a responder. Es decir, por lo general, o se experimentan todos los síntomas al activarse, o no se experimenta ningún síntoma; rara es la vez que se produzcan cambios en una sola parte del cuerpo. Por esta razón, en la mayoría de los ataques de pánico o crisis de ansiedad, se experimentan muchos síntomas y no sólo uno o dos.


¿Qué le ocurre a mi cuerpo cuando sufro ansiedad?


En cuanto nuestro cerebro detecta o anticipa un peligro, manda una señal al SN Autónomo que activa a su vez una de sus ramas, el SN Simpático. Este libera dos productos químicos a través de las glándulas adrenales situadas en nuestros riñones, llamados adrenalina y noradrenalina.

Estos productos químicos (catecolaminas) viajan libremente por el torrente sanguíneo y son usados como mensajeros por el SN Simpático para continuar activando otros sistemas de nuestro organismo. De modo que, una vez que empieza la activación en el SN Simpático, continúa y se incrementa durante algún tiempo. Algunas personas que han sufrido ansiedad intensa han experimentado sensaciones desagradables que parece que se incrementan y que nunca van a dejar de hacerlo. Sin embargo, es muy importante darse cuenta de que la actividad del SN Simpático siempre cesa y lo hace por dos razones distintas:

  • En primer lugar, estos mensajeros químicos (adrenalina y noradrenalina) que circulan por el torrente sanquíneo son destruidos finalmente por otros productos químicos en el cuerpo. Su vida media en sangre dura unos minutos hasta que son recaptados.

  • En segundo lugar, se activa el SN parasimpático, que generalmente tiene efectos opuestos al SN Simpático y restaura la sensación de relajación.Ambos sistemas, el Simpático y el Parasimpático, actúan como un termostato. Cuando la temperatura sube hasta alcanzar un determinado valor el aparato deja de funcionar. Se desactiva regulando de esta manera la temperatura como la hayamos prefijado. En el caso del SN Simpático, cuando se activa en exceso, no seguirá en escalada por siempre jamás, llegará un punto en el que el cuerpo tendrá más que suficiente de la respuesta de lucha-huida y activará el SN Parasimpático para restaurar la sensación de relajación.

En otras palabras, la ansiedad no puede continuar para siempre o aumentar en espiral hasta niveles siempre crecientes y posiblemente dañinos. La evolución ha desarrollado nuestro sistema de manera que el SN Parasimpático sea un tipo de protector interior que evita que nuestro SN Simpático se pase de la raya activándonos.


Pero ¿por qué cuando he sufrido mucha ansiedad sigo sintiendo los síntomas pero leves?


Este es otro punto importante a tener en cuenta. Las personas que han sufrido un episodio de ansiedad intensa les queda en el cuerpo una sensación residual. Una especie de resaca, un eco de esa ansiedad intensa que permanece durante un tiempo (desde minutos pudiendo llegar hasta horas en algunos casos). Hay que saber que esos mensajeros químicos de los que hablamos, la adrenalina y noradrenalina, tardan algún tiempo en ser destruidos o recaptados de la sangre.

Así pues, incluso después de que el peligro haya pasado y tu SN Simpático haya parado de responder, es probable que te sientas algo inquieto o aprensivo por algún tiempo. La razón es que estos productos químicos están aún circulando por tu sistema y los que aún no se han destruido siguen provocando una respuesta, aunque sea leve. A pesar de todo esto, no olvides que este proceso es totalmente natural e inocuo. No te va a generar ningún daño. No hay riesgo. Puedes sentirte a salvo. Es más, como hemos estado hablando es una función adaptativa porque, en los lugares salvajes de antaño, el peligro podía volver y resultaba útil que el organismo estuviera preparado para activar la respuesta de lucha-huida lo antes posible sin partir de cero. Esta lentitud en la desaparición el único objetivo que tiene es no bajar la guardia del todo. Has visto a un tigre o a un león, has huido pero puede que siga merodeando por aquí así que, ¡no te relajes tan rápido!


¿Qué siento cuando experimento ansiedad?


Recuerda que una rama del sistema nervioso autónomo, el sistema nervioso simpático (SNS) es el responsable de la respuesta de lucha-huida, el encargado de liberar nuestra energía preparando nuestro cuerpo para la acción, lo que conocemos como ansiedad.

Debido a esta activación psicofisiológica podemos experimentar una serie de síntomas físicos:

  • Incremento de la fuerza y del ritmo cardíaco. El corazón es nuestro motor. Nos prepara para cualquier actividad ya que nos ayuda a aumentar la velocidad de nuestro flujo sanguíneo oxigenando de esta forma nuestros tejidos y ayudándonos a eliminar con rapidez los productos de desecho de los mismos. Cuando tenemos ansiedad, nuestro cuerpo interpreta que hay un peligro y se prepara para la acción. Es típico sentir que el corazón late más rápido o con más fuerza, necesitamos más oxígeno y nutrientes para luchar o huir.

  • Cambio en el flujo sanguíneo. ¡Estamos en una situación de peligro! Hay que activar determinados órganos así que la sangre sufre un cambio en su distribución en nuestro cuerpo, se retira de los sitios donde no se necesita. Como por ejemplo, del sistema digestivo mediante un estrechamiento de los vasos sanguíneos (no te vas a poner a hacer la digestión cuando te va a comer un león, ¿no?) y se dirige hacia los sitios donde es más necesaria (como por ejemplo los músculos de los brazos y piernas) esta vez mediante la dilatación de los vasos sanguíneos. Esta redistribución tiene una finalidad claramente evolutiva, por ejemplo, cuando sufrimos ansiedad la sangre tiende a retirarse de las zonas superficiales como la piel o los dedos de las manos y de los pies, y se dirige a los grandes músculos de los brazos y piernas para ayudarnos a estar preparados para la acción. Este cambio en la distribución del flujo sanguíneo también es útil porque si nos atacan 0 sufrimos un corte, es menos probable que nos desangremos hasta morir. Por esta razón, cuando sufrimos ansiedad, nuestra piel puede palidecer y sentimos frío en el cuerpo y en las extremidades llegando algunas veces a experimentar hormigueo y/o entumecimiento.

  • Incremento en la velocidad y profundidad de la respiración. Como hemos visto, el ritmo cardíaco se acelera y los tejidos necesitan más oxígeno para prepararse para la acción, así que el cuerpo responde aumentando la frecuencia y profundidad de la respiración. Sin embargo, las sensaciones que pueden producir este incremento en la respiración pueden llegar a resultar desagradables: sensación de ahogo o asfixia, falta de aliento, e incluso dolores u opresión en el pecho.

  • Un efecto secundario del incremento de la respiración y de la redistribución de la sangre, especialmente si no se lleva a cabo ninguna actividad, es que el aporte de sangre a la cabeza disminuye. Aunque sólo es en una pequeña cantidad y no es en absoluto peligroso, produce una serie de síntomas desagradables (pero inofensivos) que pueden incluir mareo, visión borrosa, confusión, sensación de irrealidad y oleadas de frío y/o calor.

  • Incremento de la sudoración. Sudamos más cuando sufrimos ansiedad y también esto tiene una explicación evolutiva, el sudor hace que la piel sea más resbaladiza, de forma que es más difícil para un atacante o un predador agarrarnos. Al tiempo que nos ayuda a enfriar el cuerpo para que no se caliente demasiado durante la activación que sufrimos.

  • Las pupilas se dilatan. Nuevamente tiene su explicación: para permitir que entre más luz y por tanto más información de un entorno que recordemos hemos percibido o valorado como peligroso. El problema es que la dilatación pupilar suele estar regulada por la entrada de luz (a menor luz, menos información lumínica del entorno, mayor dilatación pupilar para captar más), pero cuando se activa nuestro SN simpático experimentando ansiedad, la luz ya no regula, detectar el posible peligro del entorno es prioritario. Por eso puede que nos de ansiedad y se dilaten nuestras pupilas, no en función de la luz del entorno, sino de nuestros nuestro neurotransmisores y ésta tenga un efecto desagradable, tal como visión borrosa y/o el ver una serie de puntitos luminosos enfrente de los ojos entre otras cosas. Recuerda, puede que sea desagradable pero es inofensivo para tu salud.

  • Boca Seca o disminución de la salivación, producto de la activación del SN Simpático este hace que cese la salivación. Tu cuerpo piensa: “¿para que quieres comer o hablar si tienes un león pisándote los talones?“

  • Menor actividad en el sistema digestivo, lo comentábamos antes, es un efecto secundario de la redistribución sanguínea, ahora no es primordial digerir es primordial luchar o huir. El problema es que este descenso en la actividad del sistema digestivo puede producir síntomas molestos y bastante frecuentes cuando experimentamos ansiedad como náuseas, pesadez en el estómago e incluso estreñimiento, todo depende del momento en el que la digestión se desactiva y se active el sistema de lucha y huída.

  • Tensión muscular. ¿no te has notado tens@ cuando estás ansios@? La razón es que muchos de nuestros grupos musculares se tensan para prepararse para la acción. Dato curioso: cuando notes que se te tensa el tren superior (cuello, trapecio, hombros, brazos, etc) posiblemente tu cuerpo te este preparando para luchar si por el contrario sientes tensión en tu tren inferior (muslos, gemelos, glúteos, cadera, etc) estás preparándote para escapar. Esta situación nos produce sentimientos subjetivos de tensión, que en ocasiones pueden llegar a manifestarse en dolores reales, así como temblores y/o sacudidas, sobre todo cuando esta tensión es muy prologada en el tiempo.

  • Falta de concentración. Se ha activado la respuesta de lucha-huida, quiere decir por tanto que existe un posible peligro. Esto conlleva un cambio inmediato y automático en la atención para explorar los alrededores en busca de una amenaza potencial. El problema asociado a este efecto es que se hace muy difícil concentrarse en las tareas diarias cuando uno está experimentando ansiedad. Las personas que la sufren se quejan frecuentemente de que se distraen con facilidad de sus tareas diarias, de que no pueden concentrarse, y de que tienen problemas de memoria. La razón es sencilla, tu mente esta orientada a la búsqueda de posibles peligros no le pidas que recuerde si ha cerrado con llave o no la puerta de casa.

  • A nivel general, la ansiedad o esta respuesta de lucha-huida produce una activación general de todo nuestro metabolismo corporal. Así, uno se siente frecuentemente acalorado y, como este proceso emplea mucha cantidad de energía, es también habitual sentirse cansado y agotado después de experimentarla.

  • Impulsos de agresión y deseo de escapar de la situación. No te preocupes, es normal, recuerda que la ansiedad prepara nuestro cuerpo para la acción: atacar o correr. Así que no debería sorprendernos que estos fueran impulsos que sientas cuando sufras ansiedad. El problema es que a veces esto no es posible porque existen limitaciones sociales, hay situaciones en las cuales no podríamos (ni nos convendría a veces) ni salir corriendo ni atizar un garrotazo, así que estos impulsos se tienden a expresar de otra forma, como por ejemplo dando golpecitos con el pie, paseándonos de un lado a otro o hablando bruscamente a la gente. Los sentimientos “normales” producidos por la ansiedad son los de sentirte atrapad@ y necesitar escapar.

A la búsqueda del sentido


Por último, me gustaría comentar que nuestro cerebro es un gran buscador de explicaciones, le encanta establecer relaciones de causa y efecto y a veces se equivoca. Bueno, se equivoca muy a menudo. Como cuando sufrimos ansiedad y no puede encontrar una amenaza clara en el exterior (no encuentra a su león) entonces tiende a buscarlo en tu interior. Y, desafortunadamente, puede llegar a pensar: “si no hay amenaza externa, si nada en el exterior me está haciendo sentir ansioso, debe haber algo mal en mí”. En este caso, nuestro cerebro puede llegar a inventar o hacer interpretaciones falsas que toma como ciertas, tales como “me debo de estar muriendo, perdiendo el control o volviéndome loco“. Como has visto, nada puede estar más lejos de la realidad, ya que el propósito de la respuesta de lucha-huida es siempre y por encima de todo, proteger el organismo, no dañarlo. De todos modos, son pensamientos comprensibles, no te culpes si aparecen. Son pensamientos que tienen su lógica en el contexto de ese estado, además siempre hay un león, pero no siempre nos damos cuenta.

Si ya estás sufriendo crisis de ansiedad, si sientes que el miedo limita cada vez más tu vida, por favor, no esperes más, busca ayuda.

#ansiedad #pánico

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Lisa Vincent Psicologia

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